Código deontológico de la profesión docente

A modo de presentación

Una de las finalidades más importantes de los colegios profesionales es la autorregulación profesional ejercida a través del código deontológico. En un momento de cambios en el que hay incluso quien cuestiona la existencia y la viabilidad de los colegios, es imprescindible hacer hincapié en el código deontológico, que es una prerrogativa inalienable de las organizaciones colegiales y una de sus primeras razones de ser.

Nuestro Colegio disponía ya de un código deontológico, elaborado por el Consejo General de CDL del Estado y que era compartido por todos los colegios que formamos parte del mismo. Es evidente que la voluntad de autonomía de nuestro Colegio, sancionada por la ley de colegios de Cataluña, exigía la elaboración de un código deontológico propio, que, además, representara una actualización de dicho instrumento.

Una vez tomada la decisión por la Junta, se constituyó una comisión –formada por Salvador Carrasco y Mercè Izquierdo, antiguos decanos, y por Ramon Plandiura, abogado del Colegio, y presidida por Octavi Fullat–, que llevó a cabo una excelente labor, muy bien fundamentada, que responde a las exigencias que la sociedad actual plantea al Colegio

El proyecto elaborado por la Comisión se sometió a la consideración del Consejo Asesor y de la Junta, la cual aprobó el texto definitivo en la sesión del 28 de septiembre de 2011. La considerable duración del proceso se ha debido a que, en todas las instancias por las que ha pasado el proyecto, se ha abierto un verdadero debate, con una defensa clara de los puntos de vista de cada uno de los miembros y, por lo tanto, había que lograr un texto de consenso que sintetizara todas esas diversas sensibilidades

Es, por lo tanto, una gran satisfacción expresar públicamente el agradecimiento del Colegio al excelente trabajo de la comisión. Pensamos que el texto final es claro, aborda toda la problemática docente que se presenta hoy en día, y está fundamentado en principios éticos universales y siempre vigentes, lo que le garantiza, creemos, un largo recorrido.

Josefina Cambra
Decana

Preámbulo

La educación tiene por objetivo conseguir el máximo desarrollo de las facultades intelectuales, físicas y emocionales de las nuevas generaciones y, al mismo tiempo, permitirles adquirir los elementos esenciales de la cultura humana. Tiene, por lo tanto, dos dimensiones íntimamente entrelazadas, la individual y la social, cuyo cultivo constituye la base de una vida satisfactoria y enriquecedora.

Dado que los seres humanos no nacen con el bagaje de conocimientos, actitudes y valores necesarios para llevar una vida personal plena y vivir en una sociedad, hay que facilitarles al máximo su adquisición por medio de la acción educativa. De ahí  la importancia de la función docente, que tiene como meta la formación integral de las personas jóvenes como seres individuales y sociales. El desempeño de esta tarea conforma una de las profesiones más necesarias cuando un pueblo quiere configurar una sociedad justa, armónica y estable.

La profesión docente es, por lo tanto, una actividad construida socialmente a partir de actividades específicas que buscan el interés general. Implica, además, el proceso continuado de investigación y de perfeccionamiento compartido propio de una profesión regulada y colegiada.

La complejidad de las relaciones que se establecen en la tarea docente y la responsabilidad que implica, así como la necesidad de armonizar las normas establecidas con los imperativos éticos, hacen necesario un código deontológico que detalle todos y cada uno de los compromisos y deberes del buen profesional.

El código deontológico debe proporcionar a los docentes unas normas básicas de comportamiento y facilitarles una práctica profesional más segura, al tiempo que debe promover una mayor complicidad de la sociedad con la profesión, para contribuir así al prestigio de la misma.

Por todo ello y en ejercicio de sus competencias (de acuerdo con la Ley 7/2006, de 31 de mayo, referente al ejercicio de profesiones tituladas y de los colegios profesionales, y con la Ley 12/2006 de Educación, de 10 de julio), el Colegio Oficial de Doctores y Licenciados en Filosofía y Letras y en Ciencias de Cataluña elabora este código deontológico, que debe inspirar la actuación profesional de los docentes y debe ser asumido y aceptado por todos los que ejercen esta profesión, es decir, todos los que desempeñen una función educativa y docente en centros de enseñanza infantil, primaria, secundaria y de formación profesional.

El código se inspira en los principios de responsabilidad y ejemplaridad, de justicia, veracidad y objetividad, y de respeto y responsabilidad social. Y señala las pautas de conducta profesional que social y legítimamente se esperan de los profesionales de la docencia.

El Colegio establecerá los mecanismos pertinentes para resolver los conflictos derivados de conductas de profesionales colegiados contrarias a la deontología establecida en este código. En especial, podrán ser objeto de intervención colegial las prácticas, por acción u omisión, discriminatorias o violentas, física o psíquicamente, el incumplimiento de los deberes profesionales recogidos en este código que afecten a los intereses o los derechos del alumnado y de sus padres, madres o tutores, las actuaciones que no respeten el ejercicio profesional de los compañeros de profesión, y aquellas que impidan el desarrollo de la actividad educativa del centro y su interacción con el entorno más inmediato y con el resto de agentes educativos presentes en el centro o en el territorio.

El articulado normativo que sigue se organiza a partir de cuatro compromisos fundamentales: compromiso con el alumnado, compromiso con la profesión, compromiso con el conocimiento y compromiso con la sociedad.

I. Compromiso con el alumnado

Dado el proceso de desarrollo personal en el que se encuentran los destinatarios de la acción educativa, los docentes tienen la responsabilidad de prestar una atención permanente a la influencia de sus acciones sobre los educandos, ya que suelen servir de pautas de conducta. Ello implica que su actuación se guiará por los principios de responsabilidad y ejemplaridad.

La infancia y la adolescencia son etapas decisivas en la formación de la personalidad. Y para que esa formación se logre plenamente, es necesario que los docentes se guíen por los principios del respeto y la empatía como condición para propiciar los sentimientos de seguridad y autonomía en los educandos.

Los docentes deben velar por el establecimiento de un clima de respeto mutuo, ya que es esencial para lograr la interacción positiva entre compañeros y la seguridad que requiere todo proceso de aprendizaje. Al mismo tiempo, deben procurar despertar la ilusión por el saber, la autoestima y la predisposición al esfuerzo, utilizando las estrategias docentes más idóneas que permitan mantener la motivación del alumnado.

En consecuencia, los docentes deben considerar como un deber profesional:

1. Contribuir activamente al ejercicio efectivo del principio constitucional del derecho a la educación por parte del alumnado.

2. Establecer con los alumnos una relación de confianza, comprensiva y exigente al mismo tiempo, que positivice los errores y valore los aciertos, que fomente la autoestima y motive a progresar en el terreno académico y en el personal, y que ayude a adquirir autonomía en la gestión y desarrollo de los aprendizajes.

3. Respetar los distintos ritmos de aprendizaje de los alumnos: dosificar la corrección, evitar ironías y sarcasmos públicos, y evitar las sanciones colectivas.

4. Valorar el trabajo del alumnado con ecuanimidad y justicia, ponderando debidamente el contexto social en que este se lleva a cabo y, cuando las circunstancias lo requieran, promover la igualdad de oportunidades educativas aplicando medidas específicas.

5. Estimular la curiosidad intelectual de los alumnos y capacitarlos para plantearse nuevas preguntas, organizando su trabajo como una actividad creativa y proyectada hacia el futuro

6. Rechazar cualquier forma de segregación o discriminación por razones de etnia, de origen familiar o social, de género o cualquier otra.

7. No adoctrinar al alumnado, fomentar el desarrollo de un juicio crítico sobre la realidad y ellos mismos, y promover la búsqueda de la verdad como principio rector del saber.

8. Adoptar todas las medidas necesarias para salvaguardar la libertad, la dignidad y la seguridad física, psicológica y emocional del alumnado.

9. Atender y canalizar adecuadamente las reclamaciones legítimas del alumnado a través del ejercicio de la docencia y de la función tutorial.

10. Guardar el secreto profesional de los datos personales del alumnado de los que se disponga en el ejercicio profesional de la docencia.

II. Compromiso con la profesión

La profesión docente se ejerce de acuerdo con unos valores nucleares, como el respeto a los demás, el fomento de la dignidad y la autoestima, el esfuerzo para acceder a la verdad con racionalidad científica, la promoción de aprendizajes que faciliten la autonomía personal, la preservación del buen nombre de la profesión, y la práctica docente entendida como servicio.

Los docentes ejercen la profesión desde la autonomía, el respeto mutuo y la colaboración con el conjunto de agentes que intervienen en la vida del centro; deben mantenerse abiertos al control social de los resultados y a la evaluación del impacto de su trabajo.

La profesión docente se ejerce desde la autonomía moral e intelectual que se expresa en un trabajo responsable. La autonomía científica y didáctica del docente es un principio orientador de su conducta profesional.

En consecuencia, es obligación de los docentes:

11. Ejercer con profesionalidad la enseñanza en el ámbito docente que corresponda, actuando con autonomía y atendiendo a las necesidades de desarrollo del alumnado, a la normativa establecida y a los proyectos educativos del centro en el que se lleva a cabo la tarea docente.

12. Asumir la responsabilidad propia en aquellos ámbitos de actuación que son competencia profesional de los docentes.

13. Colaborar en la mejora de la educación, aportando responsablemente la propia competencia profesional, y participar activamente en todos los procesos de consulta que aspiren a promover la calidad de la enseñanza.

14. Poner sus conocimientos a disposición de la comunidad educativa y contribuir a la formación inicial del profesorado novel, de acuerdo con las necesidades existentes y sus posibilidades.

15. Participar en la elaboración del proyecto educativo del centro, respetarlo y favorecer su implantación, sin perjuicio del ejercicio de la libertad de cátedra.

16. Ejercer con dedicación las responsabilidades directivas o de otro tipo que se desarrollen, si es el caso, manteniendo canales abiertos de consulta y debate y actuando como modelo de conducta ante los compañeros.

17. Respetar y hacer respetar las normas de funcionamiento del centro y colaborar en todo momento con sus órganos de gobierno, los departamentos didácticos, los servicios de orientación psicopedagógica, las tutorías y cualesquiera otros servicios de la institución.

18. Tratar con respeto y consideración a los colegas; fomentar el trabajo en equipo y favorecer un buen clima en el lugar de trabajo, absteniéndose de interferir en la labor de los demás.

19. Velar por el buen estado de mantenimiento y limpieza de materiales e instalaciones, inculcando en los alumnos el respeto a los bienes comunes y públicos.

20. Velar por la dignificación social de la profesión, su independencia y autonomía, y defender y hacer respetar los derechos que le corresponden.

21. Guardar el secreto profesional con respecto a los datos personales de los compañeros de que se disponga en el ejercicio de cargos de responsabilidad.

III. Compromiso con el conocimiento

Los docentes enseñan una materia que deben conocer rigurosamente y que se sustenta en la experiencia y la historia. Enseñan a personas de edades diversas y de condiciones distintas. Deben trabajar en equipos docentes, y participar en procesos y proyectos de innovación e investigación educativa.

Es tarea de los docentes seleccionar los contenidos que más se ajusten a la necesaria secuenciación de los  conocimientos escolares, de acuerdo con los distintos niveles educativos, así como discernir, elaborar y ofrecer una información actualizada de su especialidad, que sea veraz y comprensible en relación con la materia que enseñan. Necesitan, pues, estar al día para mejorar su práctica profesional, y capacitarse también para llevar a cabo su tarea.

De este compromiso del profesorado con el conocimiento se derivan varios deberes:

22. Asumir la obligación de conocer metodologías variadas y estar al corriente de los avances y novedades didácticas de su disciplina.

23. Asumir la obligación de adoptar como guía de conducta el principio de formación permanente, dados los constantes avances de la ciencia, las nuevas tecnologías y la realidad social.

24. Adquirir y aplicar conocimientos de otras disciplinas cuando estas aporten nuevos puntos de vista que puedan mejorar la pertinencia y la calidad del conjunto del currículo.

25. Desarrollar un ejercicio profesional que demuestre unos altos niveles de competencia y un buen dominio de la especialidad que enseñan, y procurar adquirir, además, los conocimientos que les permitan una mejor interacción con los alumnos, priorizando las finalidades formativas.

26. Aplicar en todo momento el rigor conceptual y la prudencia para no dar por definitivas teorías y postulados que los avances de la ciencia pueden poner en cuestión.

27. Expresar y comunicar lo que saben, sin dogmatismos y con respeto al derecho de la sociedad y del alumnado a recibir una información veraz y contrastada.

28. Reconocer que los alumnos tienen conocimientos y valores que provienen de sus familias o grupos sociales, y que dichos conocimientos y valores se deben considerar con respeto porque condicionan y enriquecen los aprendizajes en el aula.

IV. Compromiso con la sociedad

La educación adquiere todo su sentido como servicio a la sociedad a través de la formación de ciudadanos responsables, dotados del bagaje cultural necesario para entender el tiempo, el país y el mundo donde viven.

La profesionalidad de los docentes constituye una realidad dinámica que hay que ir adaptando a las exigencias de la sociedad en cada situación histórica, a los conocimientos que vayan surgiendo en un momento social e histórico y a las nuevas exigencias de la educación.

Los docentes se relacionan con los padres y madres de los alumnos. En la acción educativa se debe prestar una especial atención a la colaboración con el resto de los agentes educativos y sociales de la comunidad educativa. La cooperación y complementación entre todos ellos, desde el diálogo y la negociación, es imprescindible para la creación de entornos favorables a la educación.

En consecuencia, son deberes de los docentes:

29. Asumir y cumplir los deberes de ciudadanía, actuando con lealtad a la sociedad y a las instituciones, en el marco de la normativa vigente.

30. Desarrollar una actuación docente de acuerdo con los valores que afectan a la convivencia en sociedad, tales como libertad, justicia, igualdad, pluralismo, tolerancia, comprensión, cooperación, respeto y sentido crítico.

31. Promover el conocimiento de la cultura y la lengua propia, y fomentar el respeto a la de los demás, especialmente las de las minorías étnicas y culturales presentes en la escuela.

32. Favorecer la participación en la vida del centro y la reflexión sobre los valores que fundamentan la convivencia.

33. Respetar los derechos de las familias y los tutores legales con respecto a la educación de sus hijos, armonizándolos con el ejercicio de la autoridad docente y con el cumplimiento de los proyectos educativos adoptados.

34. Favorecer la cooperación entre las familias y el profesorado, compartiendo la responsabilidad educativa en los temas que afectan a ambas partes y propiciando una relación de confianza que promueva la participación a través de los correspondientes órganos y asociaciones.

35. Proporcionar a las familias y los tutores información sobre el proceso educativo de sus hijos, el grado de consecución de los objetivos propuestos y las eventuales dificultades que se detecten, así como la orientación adecuada a esas circunstancias.

36. Respetar a las familias del alumnado y velar por que la existencia de identidades y referentes culturales diferenciados no se convierta en un obstáculo para la convivencia y la colaboración.

37. Respetar las convicciones éticas, morales y religiosas del alumnado y de sus familias, evitando, no obstante, prácticas que vayan contra la legítima libertad ideológica o religiosa del resto de los agentes que intervienen en la acción educativa.

38. Informar sobre violaciones de los derechos humanos, malos tratos y otras formas de violencia de que tengan conocimiento en el ejercicio de la profesión.

39. Respetar la confidencialidad de las informaciones que, en el ejercicio de sus funciones, le han sido proporcionadas por las familias o tutores legales.


Aprobado por la Junta General del Colegio Oficial de Doctores y Licenciados en Filosofía y Letras y en Ciencias de Cataluña el 28 de septiembre de 2011.